Valle del Jerte y los cerezos en florEl Valle del Jerte, «El Valle», a palo seco, como lo llaman en Plasencia y su comarca, o el «Valle del Gozo», como lo nominaban los romanos, es el más occidental de los de la vertiente meridional del Macizo Central de Gredos, al que deslinda del occidental. En realidad se trata de una fosa más que de un valle, pues ha sido la tectónica la que ha dado al Jerte su lecho y su rumbo, NE-SW, paralelo al del Tiétar en esta zona. Nacido a poniente del puerto de Tornavacas, el Jerte no tiene más afluentes de importancia, dado lo abrupto de las laderas, que la Garganta de San Martín y la Garganta del Infierno, que en sus tramos superiores se denomina Garganta de los Tres Cerros y Garganta la Serrá, y que se le une entre Jerte y Cabezuela del Valle. Ambas gargantas tienen sus cabeceras en sendos circos de recepción glaciares, situados en la vertiente occidental de la Sierra de Tormantos.


Este valle o fosa está delimitado al NE por la cordillera principal, comprendiendo el último tramo del Macizo Central de Gredos, o Sierra del Barco, desde el pico de la Covacha (2.399 m), en que empieza a descender rápidamente en dirección SE-NW hasta los 1.277 m del puerto de Tornavacas para volver a ascender en poco trecho por lo que podemos considerar el primer tramo del Macizo Occidental, la Cuerda de los Asperones o de la Talamanca, hasta los 2.374 m del Torreón. A Oriente lo cierra el último y potente cordal que lanza la divisoria principal y que se llama Sierra de Tormantos o Sierra de la Vera. Se origina en el citado pico de la Covacha y se prolonga hasta las cercanías de Plasencia. En sus casi 40 km de desarrollo actúa como divisoria entre La Vera y el Valle del Jerte. Sus cotas más destacadas son el Cerro del Estecillo (2.250 m), la Cuerda de los Infernillos (2.240 m), el puerto de las Yeguas (1.479 m), los riscos de la Panera (1.814 m), El Pozo (1.725 metros) y el puerto del Piornal (1.269 metros). A Occidente, por fin, lo limita otra cuerda, prácticamente paralela a la anterior, llamada Montes de Tras la Sierra o Sierra de Hervás, divisoria con la cuenca del Alagón, que desde el Torreón desciende rápidamente por el Canchal Pinajarro (2.214 m) y Valdeamor (1.845 m), aunque el desnivel respecto al fondo del valle se mantiene casi siempre por los alrededores de los 1.500 m.
En muchos aspectos el Valle recuerda a La Vera: la feracidad de su terreno, la belleza de la arquitectura popular de sus poblaciones, la conservación de las viejas costumbres, la omnipresencia del agua, etc. Pero en algo se diferencia sustancialmente. En La Vera el paisaje es abierto. El Valle, por el contrario, está tremendamente cerrado entre los tres murallones que hemos mencionado. Ello ha obligado a sus habitantes a procurarse terrenos de cultivo a base de tallar bancales en las abruptas laderas. Y los caminos que comunican estos terrenos entre sí y con las respectivas poblaciones, perennemente recorridos por recuas de caballerías cargadas de cajas de madera, han convertido la comarca en el «país de las cuestas». Pero de esta despiadada lucha del hombre contra el medio hostil ha surgido un paraíso. Un paraíso protagonizado por los cerezos que a millares tapizan el fondo y las laderas del valle, y que en el comienzo de la primavera ofrecen un espectáculo increíble de flores blanquirrosas. «Se considera uno inmerso en un paisaje nipón, pero cercano y español por entero.»
Para pasar de La Vera al Valle del Jerte caben dos soluciones: bien bajar hasta Plasencia y remontarlo hasta el puerto de Tornavacas, bien atravesar la Sierra de Tormantos, lo que es más directo, pero más peliagudo. En este último caso saldremos de Jaraíz de la Vera camino de Garganta la Olla, como vimos en el capítulo anterior, para desde allí remontar, en apretadas y pendientes lazadas, la vertiente meridional de la sierra, cubierta de monte bajo y robledales, hasta coronar el puerto de Piornal (1.269 m), desde donde se domina tanto La Vera como el Valle, ambos en tierras cacereñas. En el descenso, mucho menos accidentado, y después de dejar a la izquierda el Sanatorio de San José (1.039 m), se
atraviesa Piornal (1.175 m) (Piornalito, como lo llaman en las coplas veratas), población edificada sobre la roca viva, que constituye un verdadero mirador, entre cuyas casas rurales típicas de Gredos se destaca el blasonado palacio del obispo Lovera. La carretera continúa descendiendo y, poco después de pasar por Valdastillas, desemboca en la N-110, de Ávila a Plasencia, en la misma margen izquierda del Jerte.
Remontando el río, a 6 kilómetros entraremos en Navaconcejo (455 m), cuyo aspecto, a primera vista, no llama excesivamente la atención, pero, poco antes de salir de la población, un bello crucero de piedra berroqueña nos señala la entrada al casco antiguo, ese sí, precioso, con casas rurales de amplios tejados con chimeneas y prolongados aleros, balconadas voladas de madera, entramados de madera y ladrillos de barro sin cocer y fachadas blanqueadas. Sus tres calles, largas y paralelas entre sí, son deliciosas de recorrer. Cerca están las ruinas del convento franciscano de Santa Cruz de Tabladillo, fundado en e) siglo XVI, y un derruido puente romano sobre el Jerte.
A menos de 4 km atravesaremos Cabezuela del Valle (515 m), entre los cerros de Valdeamor (1.845 m) y del Pozo (1.725 m). Puede considerarse como la capital del Valle y, por ende, la «capital de las cerezas». Es una población inolvidable, de preciosa arquitectura popular, bulliciosa y llena de vida. Por todas partes se ven caballerías cargadas de cajas de fruta y grandes pilas de banastas en cada rincón. Proliferan los soportales a base de pilastras y zapatas de madera y bajo los cuales se instalan activos mercadillos. Los balcones, volados, en muchos casos con sus barrotes de madera artísticamente torneados, suelen estar cuajados de flores y plantas trepadoras. Como en Nacavoncejo, un crucero de piedra señala la entrada de la calle Mayor. La iglesia parroquial, del siglo XVI, es sólida y de categoría.
A la salida del casco urbano se cruza el Jerte por un gran puente de cinco ojos desde el que hay una bella perspectiva de las casas que miran al río. Aguas arriba el conjunto de la población ofrece un cautivador aspecto en el que mandan los tejados.
Siguiendo ahora por la orilla derecha del río, en 5 km se alcanza Jerte (604 m), cuyo casco antiguo está al este de la carretera, junto a la confluencia de la Garganta de los Papuos cuyas aguas discurren por la calle principal. Son muy atractivas la plaza de la Iglesia y las calles que en ella convergen. Jerte fue señorío de los condes de Oropesa y tuvo un hospital, fundado en el siglo XVII.
A partir de este punto la carretera empieza ya a empinarse y retorcerse fuertemente y en los 7 km que se recorren hasta Tornavacas (871 m) se salvan casi 300 m de desnivel. La población queda algo por debajo de aquélla y es tan sabrosa como las anteriores. Otro tanto puede decirse de su iglesia.
Desde Tornavacas al puerto el trazado de la ruta es francamente endiablado y de gran pendiente, aunque brinda espléndidas vistas panorámicas del Valle y de sus pueblos (al que no lleva el volante, claro). En 7 km, que parecen 70, se corona el puerto de Tornavacas (1.277 m), inevitablemente unido al recuerdo del paso por él de la comitiva del Emperador camino de Yusté, en un itinerario inverso al que estamos realizando.
El puerto, situado en la divisoria principal entre las dos mesetas y en el límite provincial entre Cáceres y Ávila, constituye, como ya se ha dicho, el punto de separación, o de unión, según se mire, de los Macizos Central y Occidental de Gredos. Es, por otra parte, la única comunicación viable entre las dos vertientes de Gredos desde el puerto del Pico, justo en el otro extremo del Macizo Central. O, dicho de otro modo, éste no es practicable más que por sus extremos.