LA VERTIENTE ORIENTAL

Sierra de Candelario y Sierra de HervásLos últimos cordales elevados de la Sierra de Gredos, a poniente del puerto de Tornavacas, se conocen como Macizo Occidental y de manera más general aunque más imprecisa, por la vaguedad de su ámbito de aplicación, como Sierra de Béjar. Se trata de un viejo macizo granítico paleozoico de formas pesadas y gran altura (por encima de los 2.000 m), cuyos perfiles fueron rejuvenecidos por la acción glaciar cuaternaria. Estos últimos ramalazos del gran espinazo castellano, que al principio aún alcanzan considerables alturas (hasta 2.400 m), van disolviéndose rápidamente tanto hacia el N, donde el río Cuerpo de Hombre constituye la frontera, como hacia el W, donde ya antes de llegar al Alagón pierde toda apariencia de sierra propiamente dicha. Aún volverá a resurgir el Sistema Central alejándose de la provincia de Ávila, aunque con muchos menos bríos, en la Sierra de la Peña de Francia y en la lusitana Sierra de la Estrella.


Esquemáticamente, el Macizo Occidental se presenta como sigue. Desde el puerto de Tornavacas (1.277 m) la divisoria principal vuelve a ascender rápidamente, primero en dirección SE-NW y poco después E-W hasta el vértice geodésico llamado el Torreón (2.374 m), punto en que convergen los límites provinciales de Ávila, Salamanca y Cáceres, y en el que se rompe la «ortodoxa» estructura de «espina de pez» que revestía Gredos hasta aquí. En efecto, a partir de él la sierra se desparrama en una serie de alineamientos en todas las direcciones. Hacia el SW arranca el cordal de Tras la Sierra o Sierra de Hervás, que separa los valles del río Ambroz y el río Jerte y que lanza un contrafuerte de dirección opuesta a Ávila hasta Hervás, con sus máximas alturas en el Canchal Pinajarro (2.104 m) y el Cerro Peramarza (1.581 m). Hacia el NW continúa el alineamiento principal, o Sierra de Béjar en sentido estricto, que deja ya de coincidir con la, divisoria Tajo-Duero, y que aunque muy elevado en su primer tramo pierde altura en seguida según se dirige hacia el Alagón, en dirección E-W, paralelo al curso del río Cuerpo de Hombre, por el N de la provincia de Cáceres ya . En dirección NE arranca un tercer alineamiento, el más importante, denominado Sierra de Candelario o del Trampal, y más a oriente, Sierra del Tremedal y Sierra de la Alberca, y que puede considerarse como una prolongación, al oeste del Tormes, del sistema Paramera de Ávila Sierra de Villanueva. De este cordal se desprenden numerosos ramales, sobre todo hacia el N. Hasta la Pena Negra (2.135 m) constituye la nueva divisoria principal, que en este punto tuerce bruscamente hacia el N, pasando por los términos de La Hoya, Fresnedoso y Nava de Béjar.
En este capítulo vamos a ocuparnos de la vertiente oriental de esta sierra, es decir, la que vierte sus aguas al Duero a través de los ríos Aravalle y Tormes, y que está incluida en su totalidad en la provincia de Ávila.
El cordal principal de la Sierra de Candelario, que va desde el Torreón hasta el pueblo de El Tremedal (1.503 metros), lanza sendos contrafuertes hacia el W que delimitan entre ellos cinco gargantas, de dirección W-E, todas ellas modeladas por los glaciares cuaternarios y que, de W a E, son: la de la Solana, la del Trampal, la del Hornillo, la de la Serenita y la del Endrinal, cuyas aguas van todas a parar al río Aravalle. Las formas glaciares más impresionantes se encuentran en las dos primeras.
El circo de recepción del Glaciar de la Solana, hoy llamado Hoyo Malillo, es de grandes dimensiones y está limitado al S por la Cuerda de Talamanca o de los Asperones, prolongación de la divisoria principal que culmina en el Canchal del Turmal (2.339 m); lo cierran al W las mayores elevaciones del Macizo Occidental: las Cocinillas (2.391 m), la Aguja, los riscos de la Escoba y La Ceja (2.425 m); y al N lo separa del circo del Trampal la Cuerda de la Ceja. En él se ven todas las formas típicas del circo glaciar, ocupando su fondo la pequeña laguneta de las Cocinillas (2.060 m). Cuatrocientos metros más abajo, 1 km por encima del final de la morrena frontal, está la gran laguna del Duque o de la Solana (1.600 m), ocupando el fondo de una cubeta glaciar. Está represada hace anos en vistas a su aprovechamiento hidroeléctrico, y su eje mayor alcanza hoy día cerca de 500 m. El panorama que ofrece, rodeada de ásperos acantilados y puntiagudas cumbres, es soberbio. Bajo la laguna hay un formidable escalón vertical de más de 100 metros de altura, por el que se precipita en cascadas el arroyo de desagüe de la misma. La lengua de este glaciar se unía con la del glaciar del Trampal hacia la cota 1.300 m, a nivel de la Dehesa.
Por su parte, la Garganta del Trampal tiene un final de valle que es un circo glaciar rodeado por los acantilados de la Ceja del Trampal y la Cuerda del Calvitero, que culmina en el monolito del Calvitero (2.401 m), cuyo fondo ocupan tres lagunas escalonadas. Las superiores se llaman «las Lagunillas» y la inferior, que es la mayor y tiene forma casi cuadrada, es la propiamente llamada del Trampal. La segunda desagua en la tercera a través de la preciosa Catarata de la Virgen. Durante la glaciación los hielos ocuparon la totalidad del valle, y su espesor, poco antes de confluir con el glaciar de la Solana, era de más de 100 m.
Para recorrer estos parajes de Gredos por esta vertiente se parte de El Barco de Ávila por la carretera de Plasencia, tomando a la derecha la que sube a la Solana de Béjar (1.146 m), de donde arranca otra que conduce a la central eléctrica del Chorro (1.360 m). Desde aquí se trepa por el escalón antes mencionado hasta la presa de la laguna del Duque. Una vez aquí se puede bordear ésta por su orilla meridional y seguir subiendo hasta la Laguneta de las Cocinillas, Hoyo Malillo y el Torreón (2.374 m), o bien iniciar la subida por la Cuerda de la Ceja, bien para bajar a continuación a las lagunas del Trampal, bien para continuar hasta la Cuerda del Calvitero y el pico de este nombre. También se puede ir desde las lagunas del Trampal hasta el Torreón por el Tranco del Diablo y, siguiendo por un resalte sobre las simas de Hoya Losa, rematar el itinerario por los canchales de Majada la Reina.

 

 

 

LA VERTIENTE OCCIDENTAL

Esta vertiente del macizo occidental de Gredos, presenta una orografía mucho más complicada que la opuesta, ocasionada por las numerosas ramificaciones que lanzan los dos cordales principales, en las que las aguas se reparten entre las cuencas hidrográficas del Duero y el Tajo. En el sector más oriental, perteneciente por entero a la provincia de Ávila, la cadena principal a partir de la Pena Negra, en que la divisoria tuerce hacia el N, pasa a denominarse Sierra del Tremedal y, posteriormente, Sierra de la Alberca. De ella se desprende hacia el N una serie de contrafuertes entre los que discurren las gargantas de Balsamirián, de la Chorrera y de Matarruya, que van a parar al arroyo Becedillas, afluente del Tormes. Paralela a éste discurre la carretera del Barco de Ávila a Béjar, que pasa por El Losar, Palacios de Becedas, Becedas, con estupenda iglesia parroquial renacentista, y San Bartolomé de Béjar, y que cruza la divisoria por el puerto de la Solana, entrando en la provincia de Salamanca.
Ya en la cuenca del Tajo, la Cuerda del Calvitero lanza también otra serie de contrafuertes ramificados en dirección NW que delimitan sendas gargantas en las que hubo algunos glaciares de tipo suspendido en sus laderas. En la más occidental, recorrida por el arroyo del Oso, y a gran altura (2.070 metros), al NW de la Pena Negra, está el ruinoso refugio de la Covatilla. Fue erigido en 1929 por la R. S. E. A. Penaclara y su filial bejarana la «Sociedad Española de Alpinismo Sierra de Béjar». Valdría la pena restaurarlo, pues es la zona más apta para la práctica del esquí. Le sigue la del río del Barquillo, afluente del Cuerpo de Hombre, en cuya cabecera, al pie del Canchal Negro (2.369 m), hay una serie de lagunillas de origen glaciar. Finalmente, en el ángulo que forman la Sierra de Candelario y la de Béjar (en sentido estricto), en el lugar llamado Hoya Moros, rodeada por los afilados riscos de la Aguja, el Torreón y los Hermanitos (el Tranco del Diablo y los acantilados de Hoya Moros reproducen a menor escala la violenta morfología de los Galayos y de las zonas más abruptas del Circo de Gredos), tiene su nacimiento el río Cuerpo de Hombre, que inicialmente toma dirección S-N para, al llegar a Béjar, describir una marcada curva y dirigirse hacia el W.
La capital de toda esta zona es, naturalmente, Béjar, pero la localidad más serrana y más adecuada para emprender todo tipo de actividades es esa preciosidad que se llama Candelario (1.126 m) (por lo demás, ambas no distan sino 3 km). Y desde hace poco tiempo con más motivo, pues la Diputación de Salamanca acaba de construir una carretera de montaña, asfaltada, que desde esta población y con un recorrido de 6,5 km sirve de acceso al corazón de la Sierra, llegando a la cota 1.650 m, donde termina en una amplísima plataforma. También la nueva carretera asfaltada de La Hoya a Candelario es un buen punto de partida, sobre todo para dirigirse hacia el refugio de la Covatilla y Pena Negra.
El trayecto de Béjar a Candelario, flanqueado por altísimos chopos y que pasa por el célebre Santuario del Castañar, con bello mirador y junto a una de las plazas de toros más antiguas de España (1711), es una pura delicia. La población misma, que ha sido declarada conjunto histórico artístico en febrero de 1975, es inolvidable. Y ello en gran parte por su originalísima arquitectura popular, con casas, normalmente de tres plantas, con aleros volados, solanas, miradores y balcones de madera, así como las originalísimas batipuertas (especie de media puerta delante de la habitual), que se alinean en tres largas calles que bajan por las laderas de la Sierra. En ellas es complemento indispensable el agua, de la que dice J. L. Acquaroni: «...agua en la puerta de la casa, discurriendo por un entrecanalillo veneciano y acueducto, que desde la fuente de la Cruz de Piedra y los neveros perpetuos de la alta Sierra hasta el hermoso humilladero asombroso conjunto de plaza, crucero y viviendas recorre todo a lo largo el pueblo por su calle Mayor. Agua viva, agua manantial; agua canalera, oxigenada y soleada agua que desde la duermevela de la fresca madrugada y por su murmullo casi nos anticipa la más bronca musicalidad del mar».
Y entre este frescor de la arquitectura popular una buena muestra de la arquitectura culta, allá arriba, en lo alto de la calle Mayor, en la parroquial. Es una sólida construcción gótica de comienzos del siglo XVI, con tres naves, la central cubierta con armadura de madera y ábside semiexagonal con un artesonado magnífico, ochavado, de a cinco paños, todo cuajado de lazo de nueve y doce ataujejado y con dos racimos de mocárabes. A los pies hay una portada con archivoltas y columnas sogueadas, sobre la que se abre un gran rosetón circular de complicada tracería gótica. Hay otra en el muro septentrional con archivoltas de baquetón y recuadro de hojas góticas bastardas y en la que campean las armas de los Zúniga, duques de Béjar y señores de Candelario. En el interior hay que destacar la existencia de un retablito plateresco con buenas pinturas (muy oscurecidas) en el muro meridional, un crucifijo en el hastial oriental de la nave y una cruz procesional de plata, de mediados del siglo XVI, y de aire toledano.
Otra de las facetas que ha dado popularidad a Candelario por el ancho mundo y desde tiempos inmemoriales es su especialidad en la elaboración de riquísimos jamones, chacinas y embutidos. Y «El choricero José Rico, de Candelario», de Ramón Bayeu (el cartón está en el Prado y el tapiz correspondiente en el salón de embajadores del Escorial), le sirvió de cartel publicitario mucho antes de que se inventara esta técnica. De los días de la matanza, que se desarrolla entre el de los Santos y el de la Candelaria, escribía A. Pérez Cardenal: «El degüello de las reses comienza al ser de día; los cristalinos torrentes de las calles corren entonces rojos, horas v horas... En unas calles deshuesan los hombres, como los más hábiles directores; en otras, las mujeres amasan y embuten chichas. Y es de verlas, con sus trajes típicos, rodeando grandes artesones de adobo picado, rezando el rosario y atando chorizos que, a ojo, salen todos del tamaño que el ama ordena y sin marrar ni una onza.»
Esto del traje, riquísimo y de gran colorido, es, o era, otra característica de Candelario, y durante el primer tercio de este siglo aún se utilizaba a diario, habiéndose quedado hoy sólo para las grandes solemnidades, exceptuadas algunas mujeres de edad, que siguen fieles a la tradición. Confeccionado con lujosos paños de colores de Béjar, consta de jubón de terciopelo brochado; dos faldas, la de encima abierta atrás en cuatro grandes pliegues; faltriquera visible de amplios bolsos y un pañuelo de colores sin plegar, cerrado por dos picos bajo el cuello, sobre hombros y espalda. Lo más curioso es el gran mono, en forma de pera, que arranca de la coronilla y se inclina hacia adelante. Aún más espectacular es el tocado utilizado para la iglesia, en que un amplio pañuelo encuadra el rostro y sobre él una mantilla negra de terciopelo brochado y rematado en ancha cinta, que llaman «tirana», terminado por delante en volante de encaje negro y realzado por el citado mono, pues ésta es su principal misión. El traje masculino consta de calzones con polainas, adornadas con hileras de botones dorados; chaleco y chaquetilla, y sombrero de ala corta con borlas, todo ello negro, sobre el que destaca la roja y ancha faja.
Como pasa en el Macizo Central de Gredos en Ávila con la carretera de Hoyos del Espino a la Plataforma, aquí también la nueva carretera se está convirtiendo en itinerario casi obligado para las excursiones a la Sierra de Gredos, pues desde la Plataforma se alcanza en menos de una hora la Cuerda del Calvitero, alta y amplia explanada desde la que son relativamente fáciles de alcanzar todos los objetivos: la Ceja del Trampal, en cuyos ventisqueros están las mejores pistas de esquí de esta sierra; las lagunas del Trampal; el Calvítero; la laguneta de las Cocinillas y la Cuerda de los Asperones; Hoya Moros, nacimiento del Cuerpo de Hombre y rodeada por los verticales murallones de la Aguja, el Torreón, los Hermanitos, etc. Prescindiendo de dicha carretera hay un itinerario muy interesante, marcado en gran parte por caminos y sendas, y que permite hacerse una idea muy cabal del conjunto de esta sierra, tanto si se recorre en un sentido como en otro. Se trata de la llamada Travesía de la Sierra de Béjar, que, partiendo de la carreterita de Candelario a Navacarros, sube hacia Prado Domingo, para introducirse por la garganta del arroyo del Oso y ascender por su cuerda oriental, pasando por el cerro Colorín (1.450 m), Pena Alaiz (1.926 m), refugio de la Covatilla (2.070 m), faldas de Pena Negra (2.135 m), Canchal Negro (2.369 m), el Calvitero (2.401 m), la Ceja, Cuerda de la Ceja , laguna del Duque y central eléctrica del Chorro, en término de Solana de Béjar.
Terminaremos haciendo una breve alusión a Navacarros, pues es una preciosa población con atrayentes perspectivas, en que se combinan la escenografía de sus viviendas y calles con el paisaje serrano que la circunda. Y en su iglesia, además, se conserva un precioso lienzo de escuela boloñesa que representa los desposorios de Santa Catalina y que, según Gómez Moreno, recuerda a Trevisani y el Guido.