Tan presente hoy día en el entorno de gredos, la cabra montesa representa como ninguna otra especie la característica riqueza natural de la sierra de gredos.

Cabra Montés de gredos

Se estima que su presencia en la península se remonta a unos 15000 años, como atestiguan algunas pinturas rupestres de la cultura Magdaleniense en las que aparece representada. Después de distintas migraciones a lo largo de miles de años, las cabras montesas han ido adaptándose a cada uno de sus hábitats naturales creándose hasta cuatro subespecies distintas en la península, dos de ellas extintas. La cabra de gredos (Capra Pirenayca Victoriae) ha permanecido durante siglos en algunas serranías del sistema central, especializándose al clima y orografía de gredos, siendo actualmente una especie totalmente adaptada a esta sierra.

Cazada desde el paleolítico por el hombre, la cabra de gredos ha ido viendo mermada su población hasta una docena de ejemplares quedando a principios de siglo XX al borde de la extinción. Actualmente recuperada, se muestra como un símbolo de gredos, una atracción más para el turista amante de la naturaleza que disfruta de su admirable habilidad para correr, saltar, y escalar por las encrespadas paredes de gredos.

Igualmente admirable resulta la majestuosa cornamenta de los machos cabríos, que a menudo se muestran en lo alto de una roca ofreciendo una silueta verdaderamente imponente. Esta escena tan típica se debe la mayor parte de las veces a la presencia de un individuo que vigila atentamente el entorno de la manada, avisando con un característico silbido al grupo cuando percibe algún peligro.

Durante la mayor parte del año, los machos monteses permanecen alejados de las hembras y las crías, observándose a menudo manadas formadas únicamente por machos. Al llegar la época de celo, entre octubre y diciembre las cabras de gredos se reúnen en grandes grupos para aparearse. Los machos desarrollan trastornos nerviosos instintivos que les impulsan a competir por las hembras atacándose continuamente unos a otros golpeándose con sus cornamentas.

Gracias a los cuernos es posible determinar la edad aproximada del bóvido, observándose a lo largo de la cornamenta distintos anillos que año tras año van sumándose a la osamenta de la cabra.

Su gran capacidad olfativa, su agudizado oído, la peculiar estructura de sus pezuñas almohadilladas, su destacada habilidad para maniobrar en lugares inaccesibles para otras especies... todo ello lo convierte en una especie diseñada para la vida en las montañas de gredos.