La historia medieval de Ávila comienza a partir aproximadamente de 1085, cuando se produce la fusión de Toledo con Castilla. Es la época en la que se va a reorganizar todo el territorio del sur del Duero, lo que era la Extremadura castellana, creándose las ciudades de Ávila, Salamanca y Murallas de ÁvilaSegovia, a las que se le asignará un alfoz o extenso territorio que se puebla mediante el asentamiento de gentes libres que roturan y cultivan los terrenos que la ciudad les concede con arreglo a condiciones y privilegios lo suficientemente favorables como para que todo tipo de hombres, al margen de su condición social o humana, se lanzasen a una peligrosa y prodigiosa aventura colonizadora. Serán castellanos y leoneses, vascos, francos, aragoneses, judíos y mozárabes quienes poco a poco vuelvan a poblar las ciudades semi-habitadas y desorganizadas en las que durante siglos había dominado el islam (demasiados testimonios toponímicos y arqueológicos hablan de la permanencia de un mínimo de población en la zona). Fue una epopeya humana y cultural de primera magnitud que conocemos en parte por la Crónica de la población y principalmente por el trazado de la ciudad y por los muchos vestigios arquitectónicos. La ciudad que se vuelve a poblar entonces era en su trazado la ciudad romana y así el plano medieval y actual de la ciudad conserva aún  los cardo y decumani romanos.

La muralla que rodea a la ciudad de Ávila tiene unas grandes dimensiones que suelen concretarse diciendo que tienen más de 2'5 kilómetros de longitud, 99 torreones, ó 2.500 almenas. Creo que es más aclaratorio indicar que abarca 33 hectáreas de terreno y que tiene su interior claramente dividido entre una ciudadela aristocrática en la parte alta de la ciudad y una zona en la parte baja donde había albergues para ganado y algunas huertas para resistir un posible asedio del lugar.

Conviene apuntar que junto a fabulaciones sobre el número exacto de moros que intervienen en la construcción y las fechas exactas de comienzo y fin de obra, se dan noticias provechosas sobre lo que fue la construcción de la muralla medieval de la ciudad de Ávila (reutilización de materiales de anteriores muros, primacía temporal de los muros sobre la catedral y el que los medievales no están sobre los cimientos de los primeros)

Ciertamente son poco creíbles sus precisiones cronológicas y muy pocos años para tan gran empresa. La construcción de las murallas debió ser algo menos homogénea y algo más tardía. Las fechas claves deben estar entre la mitad del siglo XII y 1193. A mediados de la centuria un geógrafo musulmán que evidentemente escribe de oídas, El Edrisi, dice que Ávila, que no es más que un conjunto de aldeas cuyos habitantes son jinetes vigorosos ... Segovia, que tampoco es una ciudad, sino muchas aldeas próximas. Con ello indica -dejando a un lado la cuestión de su fiabilidad- tanto la dispersión del caserío, como la falta de un amurallamiento de envergadura.

Confirma la datación apuntada el que La Crónica de la Población, que aunque escrita a mediados del XIII se sitúa temporalmente en tiempos de Raimundo de Borgoña, para nada cita la construcción de las murallas en tal período fundacional, el que Las primeras noticias de la catedral arrancan de 1140, y en ellas nada se dice de las murallas, y el que las murallas son en parte similares a las de Segovia y Salamanca que suelen fecharse a  mediados del XII.

 

Los caballeros e hidalgos de Ávila hacían la ronda, los pecheros urbanos velaban, los campesinos reparaban adarves y cañas y suministraban la piedra, la cal y la arena, los judíos ponían el hierro (que era lo más costoso) y los moros ponían la mano de obra; moros y judíos también velaban. Aceptado este testimonio, que ciertamente es el de mayor rigor histórico que poseemos,  deberemos constatar que estos alarifes musulmanes levantaron muros cristianos, con estructura y técnicas constructivas cristianas, y la única concesión a su estética estará en los frisos de esquinillas que en los moros septentrionales y occidentales preceden al coronamiento, frisos que desaparecieron o fueron ignorados por los restauradores del pasado siglo.

Los muros, que en el costado meridional apenas tienen altura por coronar una escarpa natural del terreno son ya más fuertes frente al Adaja y en el costado septentrional y alcanzan su mayor desarrollo en el frente oeste, entre la plaza del Mercado Grande y el coso de San Vicente, allí donde la muralla se abría ante un territorio llano, allí donde se situaron las sedes de las tres instituciones abulenses más fuertes: el palacio episcopal, la catedral con su fuerte cimorro y el alcázar real con su reforzada torre del homenaje, allí donde están las dos puertas más poderosas del recinto, la del Alcázar y la de San Vicente, y allí donde existió una línea avanzada de fortificación, una ante-muralla que debió coincidir con la calle de Albardería, hoy calle de San Segundo.

Para una mejor comprensión de la importancia de los muros deben apuntarse dos hechos: en primer lugar que la muralla también actuaba de alguna forma hacia el interior y en segundo lugar la ausencia casi total de edificaciones religiosas en el interior de los muros en el primer momento de la repoblación. Ambos hechos se explican desde la peculiar estructura de poder de una ciudad medieval. Superponiendo los palacios de los nobles al interior de la cerca se aseguraba el dominio aristocrático sobre el exterior e interior de la ciudad: el palacio de los Dávila o de  Las Navas es el mejor exponente de lo apuntado y presenta su carácter fortificado tanto hacia el paseo del Rastro como hacia el interior de la ciudad, hacia la plazuela de la Fruta. La ausencia de templos en el interior de la ciudad puede explicarse recordando el interés aristocrático porque no existiese en intramuros edificios en los que la plebe pudiera encastillarse.

Ciertamente para una comprensión de la incidencia del amurallamiento en la ciudad de Ávila, es necesario precisar sus funciones y recalcar que desde sus orígenes el casco urbano abulense estuvo condicionado por la muralla, por su extensión, sus características y especialmente por sus puertas. La misma muralla determinó la especialización del tejido urbano en sus funciones y el asentamiento de los pobladores según su etnia, religión y clase social. El mismo trazado de la muralla condicionó la distribución de las instituciones ciudadanas y de los templos. La muralla, obvio es recordarlo, tiene en sus orígenes una función militar y tenía una estructura defensiva mucho más compleja que incluía antepuertas, fosos y contra-fosos que con el transcurso de los tiempos fueron incorporándose al viario (el ejemplo más señalado es la configuración de la antigua calle de Albardería, hoy San Segundo), este carácter militar originó también la existencia de una acrópolis fortificada en la zona oriental del recinto murado, acrópolis en la que se situaron los fuertes casas nobles de los hombres del medievo. Esta función militar, que en la ciudad aún esta patente durante las guerras carlistas, fue olvidada por Madoz (1845 - 1850), que escribió que esta fortificación seria inexpugnable en su época; en el día es perjudicial a la mejor y mayor parte de la población que se halla fuera de su recinto. Es la más clara apuesta en pro de la desaparición de la cerca abulense, apuesta en consonancia con las modas urbanísticas del momento que en Ávila no se llevó a cabo por la pobreza de la ciudad.

A esta función militar se le superponen funciones de policía (las puertas de los muros se cerraban por las noches), funciones fiscales (casi hasta nuestros días ha llegado el fielato de la puerta del puente y tenemos testimonios fotográficos que sitúan la alhóndiga junto a la puerta del Mercado Grande) y funciones sanitarias, actuando como última barrera ante las epidemias de peste (conozco algún caso en el que la muralla fue protegida con tal fin por una empalizada exterior).

La muralla, reparada múltiples veces desde entonces, ha configurado la ciudad y su imagen geográfica y cultural. Es, sin duda alguna, la fortificación medieval europea de mayores dimensiones conservada y sirve para reclamar para esta alta ciudad el título de Castillo de Castilla.

 

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