Entre el siglo XII y el XV son muchas las iglesias que en la ciudad de Ávila se levantan. Limitándonos a las parroquias un documento de carácter fiscal, redactado por el cardenal Gil del Lyon, permite establecer la nómina de los templos abulenses a mediados del XIII: 18 parroquias, las de San Vicente, San Juan, Santiago, San Nicolás, Santa

Visita cultural en Ávila. Iglesias

Cruz, San Pelayo, San Esteban, San Sebastián, San Martín, San Andrés, San Gil, Santa Trinidad, San Silvestre, San Cebrián, San Román, San Pedro, Santo Tomé y Santo Domingo. Si a ellas se unen los monasterios de La Antigua, San Clemente, Sancti Spíritus y la Magdalena el total es de 22 templos románicos en Ávila que por aquellos años comenzaban a trocar  algunas de sus fábricas en góticas y que luego cambiaron unos de uso, pasando a ser iglesias conventuales, y desaparecieron simplemente otros.

Los que conservan su fábrica románica permiten aventurar una tipología de iglesia de una a tres naves, con ábsides en función de las naves, con una sola torre salvo en el caso de San Vicente y con tres puertas que en muchos casos se abrían en paños salientes de los muros que les daban una mayor prestancia.

Dejando a un lado aquellas iglesias de Ávila en las que quedan mínimos restos románicos  son de destacar los de Santa María de la Cabeza, Santo Tomé el Viejo, La Magdalena, San Esteban, San Segundo, San Nicolás, San Andrés, San Pedro y San Vicente. La cronología general de los templos, apuntada ya por Gómez Moreno y recogiendo las rectificaciones de los últimos años sobre la cronología del románico hispano, puede situarse entre 1130 y 1230. San Vicente será la primera iglesia en Ávila que empiece a construirse y tras sus huellas se levantarán las de San Pedro y San Andrés, San Segundo y San Esteban marcan un momento intermedio y las restantes corresponden al final del estilo en Ávila.

San Vicente es el gran modelo del románico abulense, el que recoge lo mejor de las influencias foráneas y de la andadura de la misma catedral y el único que  trasciende a la ciudad de Ávila como precedente de templos de la importancia de la catedral salamantina. Unida a la arquitectura de San Vicente está la impresionante colección escultórica que atesora la basílica en sus puertas sur y oeste, en el ábside y los formeros de las naves y en el genial cenotafio levantado en memoria de los santos titulares.


Dos son los momentos constructivos que se marcan en el templo, uno primero inspirado en modelos del Languedoc que alcanza al triple ábside y al desarrollo en planta de las naves e incluye la decoración arquitectónica de los capiteles interiores y exteriores de muros y pilares y uno posterior, situable en el último tercio del siglo XII, en el que siguiendo el modelo de las bóvedas alzadas en la capilla mayor de la catedral se cubre el templo con bóvedas de aristones y se plantea la monumental portada oeste labrándose la escultura de esta portada, de la cornisa meridional y el cenotafio de los mártires.

La historia posterior del edificio comprende el cimborrio y los refuerzos del siglo XIII, el pórtico meridional, la sacristía y el remate de la torre en el siglo XV y como página especialmente valiosa las restauraciones que Hernández Callejo, Miranda y Repullés realizaron en la segunda mitad del XIX y el primer cuarto del siglo XX.

 

La cabecera resulta especialmente atractiva y es caso único en nuestro románico al levantarse la capilla mayor sobre una cripta de origen funeraria, con lo que logra una gran esbeltez. En el interior vemos como el modelo de iglesia de peregrinación con tribuna y triforio llega hasta Ávila y se enriquece con una cubierta que perfecciona el modelo de la capilla mayor de la catedral de Ávila y se voltea con gruesos aristones diagonales que permiten abrir sendas filas de huecos en lo alto que refuerzan la luminosidad del templo. Si las bóvedas recogen el modelo de la catedral de Ávila, la portada monumental es seguramente el precedente de la trasfigurada portada oeste de la catedral. Entre las dos torres se abre un primer tramo de la iglesia, espacio público flanqueado por dos capillas entre las torres que se cierra con la magnífica portada del templo en la que bajo una cornisa de ancianos se abre una puerta geminada con un Cristo en majestad en el parteluz, apóstoles pareados a los lados, arquivoltas en los que se mezclan temas vegetales y animalísticos y un doble tímpano repitiendo ese mensaje tan catequético del pobre Lázaro y el rico Epulón. Todo en una estética plenamente borgoñona que alcanzará su cima en el simpar sepulcro (cenotafio le hemos llamado con más precisión) que ocupa la embocadura del crucero sur, cerca del altar, y guarda los mayores primores escultóricos en un marco que simula una pequeña arquitectura. La riqueza decorativa es total y cubre los soportes del pequeño edificio, las cubiertas y muy especialmente los relieves en los que se narra la historia de los tres santos desde su interrogatorio en Talavera hasta su huida y martirio y muerte en Ávila y culminando con la historia colateral del judío que se vuelve cristiano. Permítaseme destacar por serme especialmente querido el relieve en el que los tres mártires son descoyuntados en una suerte de macabras aspas por dos sayones que repiten con sus cuerpos el ritmo de las aspas.

La repetida definición de Camps Cazorla, iglesia de planta isidoriana y alzado compostelano, sigue siendo fundamentalmente válida para un primer acercamiento a la historia constructiva de San Vicente de Ávila, edificio que es el canto del cisne del románico español.

Razones orográficas y el carácter martirial del templo condicionaron su planta, alzado, estructura y construcción. Los repobladores levantaron la iglesia del XII en el mismo espacio en el que se conservaba la memoria y los restos del edificio prerrománico erigido sobre el lugar de martirio y enterramiento de los tres hermanos: Vicente, Sabina y Cristeta, lo que les obligó a salvar un fuerte desnivel mediante la construcción de una cripta en la cabecera que proporciona a los ábsides y muro este del crucero una esbeltez inusitada en el románico español.

Es San Vicente un templo que normalmente se ha estudiado partiendo de un análisis de su escultura monumental, escultura que -como en todo el románico- no puede separarse de la arquitectura del templo, pero que con su esplendor ha motivado un olvido parcial de los valores arquitectónicos del monumento.

Entre 1130 y 1170, aproximadamente, debe fecharse la construcción de la parte principal de la basílica, en un proceso continuado en el que se incorporarán sucesivamente nuevos talleres escultóricos que convivirán en el templo, se cambiará el plan del edificio y especialmente el sistema de cubiertas, pero en el que no parece encontrarse ninguna cesura importante, ningún período de paralización de las obras. Un proceso que ya en el siglo XIII culminará con la realización de la bóveda ochavada del cimborrio y el pórtico meridional. Las obras arquitectónicas posteriores: último cuerpo de la torre, sacristía, refuerzos, ..., ya han sido estudiadas por Fernández Valencia que aportó los datos que -salvo Gómez Moreno- tras él repiten los que sobre el templo han escrito.

Culmina San Vicente, con su planta de tres ábsides, nave alargada y especialmente con su marcado crucero un camino que en España es el que podemos ver en la desaparecida iglesia de Santo Domingo de Silos, en San Isidoro de León, San Pedro de Ávila o las catedrales de Lugo y Salamanca (seguramente otros templos entre los desaparecidos -catedrales de León y Palencia- podrían explicar cumplidamente este modelo abulense de San Vicente y San Pedro, que quizás también fue el de dos grandes iglesias románicas de la ciudad de Ávila reconstruidas en el período gótico: Santiago y San Juan).


La cripta, la planta con crucero tan saliente y la situación del cenotafio de los mártires son tres elementos que me parecen directamente relacionables. Como hipótesis de trabajo apunto que la situación de cenotafio, bajo el formero que sirve de toral al brazo sur del crucero, es la adecuada para a la vez establecer una relación con la roca martirial del ábside norte de la cripta y permitir la conexión visual entre el cenotafio y el altar mayor, sin impedir el desarrollo de la liturgia y su seguimiento desde la nave central (el baldaquino orientalizanta que le remata es de 1569). Esta disposición del cenotafio de las reliquias a modo de retablo que cierra parcialmente el crucero puede ser la mejor explicación funcional para este profundo crucero, que según la tradición también sirvió de enterramiento al judío que representa el peor papel en el martirio de los santos, y que en 1610 sirvió también como enterramiento para los restos de San Pedro del Barco.

La planta de San Vicente, que recogerá los modelos ensayados en los precedentes citados y que a través de ellos se inspira en las iglesias de Languedoc, podría ser en su versión original, tal y como recientemente ha apuntado José Miguel Merino de Cáceres, la de un templo con tres profundos ábsides con arquerías murales, crucero muy saliente y tres naves de seis tramos, cerrándose tal proyecto ideal hacia el este con un muro a la altura de la actual portada. Para Merino de Cáceres se configuraría así un templo que se modularía, al igual que San Pedro de Ávila, con pies de 29,12 cms. y que tendría unas dimensiones de 200 x 133 pies, en una proporción sesquiáltera.


En el quinto tramo del templo se manifiesta un cambio en el edificio, que ya fue puesto de manifiesto por Gómez Moreno y que va más allá de lo decorativo, de lo escultórico, aunque sea en estos aspectos donde más patente se hagan los diferentes modos de hacer al sustituirse los capiteles por unos más delicados en los que predomina la hoja de acanto, y al incorporarse nuevas impostas que abrazan de distinta forma a los pilares y sustituyen las molduraciones vegetales y la roseta característica del templo por otras mas sencillas, de perfiles similares a las coetáneas de la catedral abulense. Cambio que en lo arquitectónico se plasmará en la construcción de las dos torres, la monumental fachada oeste y su nártex (su bóveda octopartita está directamente relacionada con la cabecera de la catedral) y la nueva cubierta de la nave central con bóvedas nervadas. El proceso esbozado plantea grandes interrogantes cuando se establece el orden constructivo, se analizan las torres, nártex y fachadas por un lado y por otro las reducidas y peculiares tribunas, con un triforio que en el alzado al interior de la tribuna es netamente compostelano y que en el alzado a la nave es de traza mucho más pobre, mezquina al decir de Gómez Moreno..

El proceso constructivo del templo, tras analizar sus muy restauradas fábricas, creo que puede sintetizarse así: primeramente se trazó la caja general de la iglesia, que como ya se ha dicho llegaba hasta la línea de la actual puerta oeste, y se construyeron la cripta con acceso desde el exterior y de muy incómoda comunicación con el interior, las capillas absidales con arquerías murales (éstas y la evidente relación con San Isidoro de León hacen que opte por la fecha de 1130 para el inicio de las obras), el marcado crucero que por el fuerte desnivel que salva no tiene puertas en sus dos hastiales (como en San Isidoro) ni capillas en el muro de poniente (como en Santo Domingo de Silos), y las tres naves; trazándose la caja general hasta la actual portada oeste y construyéndose de ellas los cuatro primeros tramos y el comienzo del quinto, con los muros de caja y formeros necesarios para voltear las bóvedas de aristas de las naves laterales. El cambio, importante en los muros, pilares y naves laterales, se produce al llegar desde el crucero a la ventana del quinto tramo, donde aparece ya un nuevo taller escultórico fácilmente identificable por los capiteles de delicadas hojas de acanto (los capiteles de los formeros de las naves centrales que entregan en los muros de caja y separan el quinto del sexto tramo, manifiestan claramente el cambio y si el del lado sur incorpora una hoja central nueva, el del lado norte se hermana formal y técnicamente con alguno de los de las capillas de las torres). Se alzaron a continuación las dos torres que actúan a modo de contrarresto de los empujes del templo, el nártex con una bóveda octopartita que tendremos que relacionar tanto con Vézelay, como con la catedral de Ávila (si la abacial explica la bóveda sexpartita y la organización de la capilla mayor catedralicia, también de allí arranca la organización de las torres y nártex de San Vicente, que luego veremos en el Primer templo de la ciudad), y construido el tramo de entrada con las torres, ya el séptimo tramo, se cerró el sexto y sobre él su triforio, levantando luego el cuarto de cañón deprimido de las tribunas laterales, y el cerramiento de la nave mayor con bóvedas nervadas.

San Pedro es iglesia gemela de la de San Vicente, pero de más larga construcción, por lo que no llegó a levantar sus proyectadas tribunas y fue rematada al oeste por un gran rosetón cisterciense, en todo similar a uno que permanece cegado en el brazo sur del crucero catedralicio. Este retraso constructivo motivo el que la torre se adosase tardíamente a uno de los ábsides, el que el cimborrio repita el modelo de San Vicente y el que la misma mímesis se aprecie en la cubierta de la nave central. La decoración escultórica tiene muchos puntos en común con la de la primera fase de San Vicente, pero falta aquí el esplendor de toda la segunda fase de escultura borgoñona de la basílica.

Es también muy valioso el conjunto escultórico que contiene la pequeña iglesia de San Andrés. Levantada en el barrio que tradicionalmente se considera de los canteros abulenses, recoge en los capiteles de su capilla mayor todo un muestrario de motivos y formas que repiten los del norte peninsular. Arquitectónicamente debe destacarse el encanto de su capilla absidal de la epístola, con un arco polilobulado de fina traza que apoya en valiosos capiteles de entrelazos. El carácter mozárabe que parece adivinarse en los motivos de las impostas quizá justifique la extraña estructura del templo, con pilares cruciformes huérfanos de unos arcos fajones que no debieron existir nunca, ya que no acusaron responsiones y contrafuertes en los muros de las naves y que la iglesia fue cubierta por una armadura de madera que parece solución más cercana a la órbita islámica que a lo cristiano de la época (las actuales armaduras sustituyeron en el XVI a las originales).

San Segundo, Dan Esteban, Santo Tomé El Viejo y San Nicolás son los otros templos del románico abulense. Todos interesantes y transformados en las centurias siguientes. San Segundo guarda una estatua del titular que es de lo mejor esculpido por Juan de Juni.

El modelo románico dejó paso en dos iglesias de Ávila, Santa María de la Cabeza y San Martín, a las soluciones mudéjares que habían configurado la gran arquitectura de la Moraña. En La Cabeza el mudéjar se da en la estructura interior de amplios formeros de ladrillo y en los arcos de las capillas absidales.  La de San Martín, cuya fábrica románica fue rehecha y radicalmente transformada en los siglos XVI y XVIII tiene una magnífica torre con zócalo de sillería y cuerpo superior de ladrillo con ventanas con arcos de herradura apuntados, alfices y frisos de esquinillas que hablan indudablemente de una arquitectura morisca.

Dos de estas iglesias parroquiales se convirtieron a lo largo de los tiempos en grandes iglesias góticas. Son las de San Juan y Santiago, las únicas en Ávila que por ser parroquias de gran población fue preciso reformar y ampliar considerablemente. La de Santiago conoció varias reformas y así nos consta que a principios del XIV se hacía su torre octogonal y que ya en el XVI fue reedificada, como la de San Juan, con grandes y espaciosas bóvedas y enriquecida por portadas de un estilo renacentista más acorde con la cronología. La de San Juan debió rehacerse en la segunda mitad del siglo XV en lo que a su anchísima nave afecta y cien años después se debió labrar su gran cabecera en un estilo muy cercano al que luego Francisco Mora impulsará en Ávila.

De aquellos momentos son las grandes iglesias del gótico abulense San Francisco, Santo Tomás y Mosén Rubí que abren el recorrido por la arquitectura monástica y palaciega.

 

Recorrer Ávila visitando las iglesias románicas y góticas de la ciudad es una de las muchas rutas culturales en Ávila. El turista interesado puede encontrar alojamiento en las distintas casas rurales del valle Amblés :