Antíguo mercado de ÁvilaTras el auge de palacios, conventos y templos en Ávila que también tuvo su eco en la catedral, se inició un declive ciudadano cuyas causas ya resumió Serafín de Tapia: expulsión de judíos y moros, desaparición de los obrajes de la lana y emigración fiscal al sur. Hasta bien entrado el XIX nada o casi nada es arquitectónicamente reseñable en Ávila, todo es ruina y abandono.

El afán de rendir homenaje a su más ilustre hija lleva a la ciudad de Ávila, a los carmelitas y al obispo de Márquez de Gaceta a promover la construcción de un nuevo convento y templo en la casa natal de Santa Teresa. Fue necesario el apoyo del Conde-Duque de Olivares para llevar a buen punto el proyecto y levantar lo trazado por Fray Alonso de San José. En 1636 se inauguró la nueva iglesia, sin escaleras para permitir su uso procesional, contraorientada y elevada mediante una cripta para hacer coincidir el presbiterio y el ámbito en el que nació Santa Teresa, y dentro de los cánones de la arquitectura carmelitana que ya hemos visto en San José, pero con una fachada de sillería de granito que por su riqueza algo escandalizó a los frailes carmelitas de fuera de Ávila.

Otro impulso religioso, el fervor popular hacia la Virgen de la Portería, sirvió para levantar una capilla con tal advocación y planos de Pedro de Rivera anexa al convento franciscano de San Antonio y ya bien avanzado el XVIII.

 

Por los años finales del XVIII un arquitecto madrileño, Juan Antonio Cuervo, trabajaba en Ávila en las capillas catedralicias de Velada y la Piedad, en el Seminario y el Mercado Chico. En el Seminario planteó una fachada apilastrada, con muros de ladrillo de gusto madrileño y un balcón central con un algo de francés. En el Mercado Chico llevo a la práctica, reduciendo sus dimensiones, un proyecto inicial de Ventura Rodríguez que mediado el siglo XIX completarán Hernández Callejo en  la plaza y Vázquez de Zúñiga como autor del Ayuntamiento de Ávila.

A fuerza de buscar se pueden encontrar en las arquitecturas de finales del XIX y del XX algunos ejemplos que transcienden el ámbito de las murallas de Ávila. El Mercado Grande cuyos soportales traza Cossín, el desaparecido Mercado del Hierro de Repullés, algunas casas modernistas de Isidro Benito (sólo quedan dos en la calle Generalísimo) y los mausoleos que levantó el mismo arquitecto en el primer cuarto del siglo XX. A ellos se pueden unir algunos ejemplares de arquitectura de ladrillo de inspiración madrileña hechos por Ángel Barbero, Repullés, Prieto, Emilio González y Mauricio Salvó..., y luego quizá edificios oficiales como el antiguo Colegio de Huérfanos Ferroviarios (hoy Fundación Cultural Santa Teresa), el Instituto del Paseo de San Roque o la Escuela de Artes y Oficios. Ni los primeros, ni los segundos son ejemplos singulares. Ya no había una iglesia pujante, ni una fuerte sociedad que demandase grandes arquitecturas. Lo único que nuestra historia arquitectónica aportará a la historia de la arquitectura española será las conocidas restauraciones de San Vicente y las Murallas a las que van unidas los nombres de Hernández Callejo, Lázaro y Repullés y Vargas. El mensaje parecía claro: ya que no había fuerzas para levantar una arquitectura puntera, seamos al menos pioneros en la conservación de nuestro pasado esplendor.