A finales del XV y durante el XVI una floración de nuevos conventos y renovados palacios manifiestan la pujanza económica de Ávila y su estructura social.

Un cierto paralelismo existe en las obras que a finales del XV se realizan en San Francisco y el nuevo convento de Santo Tomás. El franciscano era un convento del XIII que en el XV es ampliado por los Dávila, levantando una nueva capilla Mayor y en el que  a finales de ese siglo el obispo de Plasencia Rodrigo Dávila y Valderrábanos edifica la capilla octogonal de San Antonio, con una fenomenal bóveda estrellada en la que creo adivinan el quehacer de Juan Guas.

Un maestro de obras al que ya vimos en la catedral, Martín de Solórzano, es el autor del convento dominicano de Santo Tomás, ejemplo señero de esa arquitectura de predicadores con templos de una única nave rodeada de capillas laterales y un coro elevadísimo que obligó a elevar el altar (la misma solución se adoptó en San Francisco). Tres distintos y bellos claustros tiene el convento Monumentos en Áviladominicano: Noviciado, Silencio y Reyes son sus nombres y hablan tanto de la vida conventual como de un pasado en el que esos muros acogieron a los reyes de España.

Ambas obras parecen el arranque de una larga serie de reformas y construcciones de monasterios que podemos desgranar como un rosario: en Santa Ana se funden los de Santa Escolástica y San Millán en 1502, en 1510 llegan las agustinas de Gracia, en 1515 las carmelitas se trasladan a la Encarnación, en 1539 fundan las franciscas concepcionistas, en 1552 se trasladan las clarisas de las Gordillas, por entonces se reformaría Santa Catalina. Las nuevas construcciones aúnan el gótico, normalmente en las bóvedas, y el renacimiento, en portadas y capillas; y marcan un límite estilístico y casi religioso en la arquitectura conventual de Ávila. Cuando en 1562 Santa Teresa funda San José otras son ya las modas arquitectónicas. Aquel convento no era otra cosa que una suma de casas, un conglomerado de habitaciones que aún hoy se conserva y una pequeña iglesia hoy desaparecida y sustituida finalmente por la que Francisco de Mora plantea como prototipo de iglesia carmelitana. Convento e iglesia marcan casi el final de la gran historia religiosa y arquitectónica de Ávila. Entrar en San José de Ávila es acercarse a esa mujer fuerte y práctica que fue Teresa de Cepeda, entrar en espacios arquitectónicos del XVI unidos como mejor se pudo y recorrer zaguanes y estancias de entonces y sobrecogerse en una cocina que parece arrancada del tiempo. El templo de Mora es el modelo de iglesia barroca con una única nave y capillas, enriquecido con una portada que creará estilo en el Carmelo en la que se abre un acogedor triple pórtico bajo el coro de las monjas que sale claramente a la fachada. Mora que se ve obligado a respetar la entrada a una anterior capilla, traza un preciso compás de espera y plantea escenográficamente la aparición del templo: pórtico, coro y hastial  de la nave.

Paralelamente a esta arquitectura monástica la ciudad de los caballeros ve levantarse las nuevas casas de los nobles. M. Teresa e Isabel López Fernández han estudiado el conjunto de casas que los nobles abulenses levantan, cada familia en una zona de la ciudad de Ávila, y establecido una periorización de éstas mansiones.

Un palacio anterior a esta época subsiste explicando clarísimamente la vinculación entre la nobleza y la muralla. Me refiero al de las Navas o de Dávila, , que ocupaba desde la puerta del Rastro hasta la actual iglesia de Santo Tomé el Nuevo, en lo que fue casa de Navamorcuende, que repite hacia el interior del caserío el sistema defensivo de la muralla, con almenas y paramentos  similares. Es una arquitectura no homogénea, en la que se notan las muchas reformas y fases constructivas y en la que únicamente el material constructivo y las ventanas germinadas de asiento (enomoradoiros qué bien dicen los portugueses) unifican el conjunto.

Con él se hermana la casa torreón de Mujica y/o Guzmanes (hoy Diputación) levantada a principios del XV, con alta, fuerte y almenada torre de esquina que tras un zaguán desenfilado (piénsese tanto en causas defensivas, como en tradiciones judías, como en el clima abulense) da paso a un patio ya plenamente  renaciente.

Las de Verdugo y Polentinos son la plasmación del modelo casi plateresco de Salamanca, pero son distintos el material -granito- y los motivos decorativos de carácter militar. El de Polentinos tiene un magnífico patio, completado restaurado en el XIX, cuando se estableció allí la Academia de Intendencia.

El de Núñez Dávila y el de Miguel del Águila inician hacia 1540 el tipo más característico, con columnas adosadas que enmarcan las puertas y ventanas y se rematan con  flameros renacentistas. El patio del primero es de bellas proporciones, tiene amplio zaguán y una de las más hermosas escaleras en rincón de claustro de Castilla.

Las columnas se truecan en pilastras en el último modelo representado por los palacios de los Serrano y Ochoa de Aguirre, modelo que se define también por las volutas planas que "sujetan" las ventanas. Los citados son los ejemplos más interesantes de Ávila, pero debe anotarse que son más de 30 las casas nobles que aquí quedan y el visitante debe descubrir en una calle, callejón o plaza.

 

El turista aficionado a las actividades culturales en Ávila, puede encontrar alojamiento en las distintas casas rurales que rodean la ciudad de Ávila: